Erase una vez una chica, normal y corriente. Le gustaba mucho leer, ver películas, y estar con sus amigos. Pero había algo que le gustaba mas que todas esas cosas juntas, algo que no tenía: él. Esa chica odiaba el instituto, como todos, pero lo odiaba menos de lo que le gustaría admitir, solo por una razón: él. La chica cada vez que lo veía por los pasillos le daba un vuelco el corazón, cada vez que él pasaba por su lado ella no era capaz ni de dirigirle una sola mirada, la chica se mordía el labio cada vez que le veía sonreír, con esa sonrisa tan preciosa, ¿quien no lo haría? Pero esa chica también sufría, lo pasaba mal por el, y no poco. Pero intentaba disimularlo porque ya sabía lo que le dirían: "Sufrir por alguien que no tienes, vaya gilipollez". Pues si,era una gilipollez. Aunque a veces no podía disimularlo, no podía. Todo aquello le superaba, y es que, no puedes guardarte todo para ti eternamente. A veces cuando lo miraba se le formaba un nudo en la garganta y le entraban ganas de llorar. Pero se aguantaba. No podía dejar que el la viera así. La chica ya llevaba demasiado tiempo así, sufriendo a lo tonto, y creerme cuando os digo que lo había intentado olvidar, pero no pudo. Cuando creía que lo había conseguido, lo volvía a ver, y como de costumbre la historia se repite. La chica seguía igual que el primer día, suspirando por el. Ella quería estar con el, claro que quería, pero en el fondo, sabía que eso nunca sucedería, pertenecían a mundos diferentes y ella lo sabía. Aunque no os creáis que esa chica no era feliz, claro que era feliz, pero menos de lo que le gustaría. Lo que pasa es que ella quería un chico que la abrazara cuando hacía frío, que le llevara a dar paseos de la mano, un chico que la esperara a la salida de clase, un chico con el que poder hablar, con el que poder reír, y a veces con el que poder llorar, un chico que la quisiera. Tampoco pedía tanto, en su opinión. Pero por mucho que ella lo negara, estaba claro que él no era su chico. Aunque le daba igual. Le daba igual. Esta historia de momento no tiene final, quizás en el futuro lo averigüemos, pero intuyo que no va a ser el que esta chica desearía.
A veces la gente lo único que necesita es desahogarse, soltarlo todo. A veces los sentimientos son tan fuertes que te asfixian, te aprietan el pecho de una manera exagerada, y cuando eso pasa solo puede significar una cosa; todo tiene un límite, y el tuyo ya hace tiempo que se sobrepasó, así que ya va siendo hora de dejarlo libre, reprimirse mas tiempo no te hará bien, no te puede hacer bien, por eso creo que ya llevo demasiado tiempo callada, y ya ha llegado la hora de dejar que se vaya, o al menos intentarlo.